Ahí estaba, de pie, apoyado en su andador. Frente a la ventana de aquel frio edificio. Los niños jugaban en el parque. Un niño se había caído del columpio, y su madre corría despavorida, compartiendo las lágrimas de su hijo.
Le dolían las piernas, así que dio unos pasos y flexionando las rodillas muy despacio, apoyándose en su andador como quien se agarra a la vida, logro sentarse. Sus piernas apenas podían sostenerle, de hecho lo más seguro es que tuvieran que ayudarle para levantarse. Siguió mirando por la ventana como si nada.
Aquel parque estaba justo al lado de una universidad. Por unas de sus ventanas se podía ver como dos adolescentes, seguramente de primer curso, compartían apasionadamente su primer beso. entre estanterías de la biblioteca. Un beso que no duró más de unos segundos, interrumpido por el profesor de química, nuna más oportuno. Con su bata blanca de laboratorio, sus típicas gafas de protección colgadas del bolsillo de la misma bata y un bote de cristal en su mano izquierda.
Tenía los ojos hundidos entre arrugas. Con una mirada profunda que transmitía la debilidad y fortaleza propia de su edad, nada que ver con cuando era más joven.
En el aparcamiento de la misma universidad, un poco más a la derecha de aquella pantalla descrita por la ventana, se estaba acabando la celebración de una graduación. Algunos estudiantes con el gorro aun en la cabeza, otros lo tenían en la mano, otros ya lo habían dejado en el recuerdo. Todos con sus respectivas familias. Sonrisas y lágrimas. Sonrisas por haber acabado, lágrimas por todo aquel tiempo juntos. Se fijó en una pareja de estudiantes que se estaban abrazando fuerte, abrazo que impediria que nada los separase.
La universidad estaba a escasos metros de la ciudad. Lograba diferenciar a penas las figuras de las personas. Los años pesaban en sus ojos, de los cuales empezaron brotar lágrimas de felicidad, contagiada por aquellas personas. Compartían con el, a pesar de los metros de distancia y los años de diferencia, la comida, y los regalos. Una familia muy tradicional, tres niñas juntas, y un niño separando a los padres, y los cuatro abuelos completando la mesa.
Se acordó en aquel momento de su mujer, la cual le esperaba desde hace un par de años. Todo lo vivido lo vivió con ella. El primer beso en primero de carrera entre las estanterías, el abrazo en la graduación que le unía aun más si puede a ella, el apretujón de manos por debajo de la mesa durante aquella comida de cumpleaños…
Todo eso, que tanto años le había costado tener, pronto se difuminó, y con la última brisa que fue su aliento, se volaron todos sus recuerdos.